RELATO: Noche de San Juan

Mateo estaba profundamente cansado de aquella vida, esperar a que llegara el buen tiempo para trabajar de sol a sol bajo el severo sol manchego recogiendo el cultivo de algún señorito más preocupado por su bota de vino que por sus tierras.

El invierno había sido muy duro, tremendamente frío, aunque no mucho más que otros anteriores, en los que sobrevivían a base de la poca matanza que les quedara del año anterior y de algo de trigo.

Las lluvias tampoco habían sido buenas ese año, así que el campo no daría tanto como para pasar una temporada invernal mejor que la anterior.

Pero Mateo, como sus padres, y los padres de sus padres…era lo único que había conocido. Aún así lo odiaba.

Soñaba con labrar su propio destino, huir de aquellos campos de clima tan extremo que eran su hogar, ir a la capital o incluso fuera del país, sentía que todo aquello que había conocido no era para él. Ese año, cuando llegar el invierno, cogería los ahorros que tuviera y buscaría su propio camino.

Para entonces todavía quedaba un largo y caluroso verano por delante.

La noche anterior había sido fiesta en el pueblo por su patrón, San Juan, conmemorando igualmente la llegada del buen tiempo y con él la recogida, siembra y toda la labor del campo. Este año Mateo, por primera vez en su vida, había decidido irse a dormir y no gastar ni un céntimo de sus pingües ahorros pensando en su plan lejos de allí.

Había dormido profundamente, como solía hacer siempre, ayudado por el frescor de la noche que caía sobre su pueblo tras los primeros días de calor. Se despertó con unas insaciables ganas de vaciar la vejiga, por lo que salió al corral, en busca del único baño conocido por él, y caminó cansinamente. Aún era de noche.

Cuando por fin acabó con su urgencia caminó hacia la boca del pozo donde descansaba un extremo del cordel que sujetaba el cubo para coger agua. Allí mismo se desperezó con esmero y tiró de la cuerda para recoger el cubo. Había menos oscuridad, parecía que la noche estaba llegando a su fin.

Dio un gran trago directamente del cubo, como hacía cada mañana, sentía que tenía que reponer líquidos.

Acabó con casi toda el agua que había sacado y dejó el cubo sobre el brocal del pozo. Volvió a estirarse.

Pensó, como hacía cada día en los últimos tiempos, en el poco tiempo que le quedaba en aquel pueblo, llevando esa misma vida. Respiró aliviado y sonrió.

Notó entrecerrar los párpados de los ojos ante la inminente claridad que se avecinaba, por lo que cogió el cubo y tomó la poca agua que quedaba para lavarse la cara.

Volvió a estirar sus músculos, mientras dejaba escapar un profundo bostezo con los ojos bien cerrados. De repente, abrió de nuevo los ojos y algo le sobresaltó: eso no podía ser, era imposible… Miró alrededor de sí mismo y constató su miedo. No podía ser.

Como un fogonazo recordó las viejas historias que llevaba oyendo desde pequeño acerca del amanecer de la noche de San Juan: su sombra no estaba por ninguna parte, ¿volvería a ver otro amanecer dentro de un año en su pueblo o lejos de allí? Siempre había oído que aquello era indicio de que no habría más sanjuanes para quien no viera su sombra en aquel amanecer.

Volvió a mirar en torno a sí, se alejó del pozo, pero no consiguió que su sombra apareciera.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s