RELATO: Estoy de pie en mi cocina…

Estoy de pie en mi cocina, son las 3 de la madrugada y, como suele pasar cada noche, me he desvelado por una estúpida pesadilla.

Ha habido noches en los que un leve trinar de un pajarito me ha despertado sobresaltado, abro los ojos como platos, en mitad de la oscuridad de mi habitación, mi mujer duerme plácidamente, no oigo ruidos de mis vecinos y miro hacia la ventana, es noche cerrada, es imposible que ningún pájaro madrugue tanto, son las 3 de la mañana, como casi siempre.

Pero esta noche no ha sido la vocecilla de un pájaro ni cualquier otro simple pensamiento que me arranque de los brazos del sueño, me he despertado y punto, con la mente en blanco, sin apenas emociones, buscando recobrar el movimiento de mi cuerpo, que durante largos minutos no parecía conectar con mi mente.

Las veces que algún pensamiento me ha desvelado me encuentro ante mi cuerpo, lleno de un sudor frío, temblándome los labios y parpadeándome locamente el ojo izquierdo debajo del párpado cerrado.

Hoy no ha sido así, sólo parálisis y mente vacía, que al ir recuperando poco a poco su actividad no podía retomar el control sobre mis miembros. He sentido una agonía inmensa en la que notaba apenas mi respiración. Únicamente una lágrima me ha devuelto la consciencia de mi propio cuerpo.

Evidentemente no he sido capaz de caerme dormido otra vez, es más ya no lo quería, por un temor profundo a no volver a despertarme.

¿Qué me habrá pasado?

Un fuerte estruendo, como si se cayera el mueble del salón, me saca de mis divagaciones, ¿me había quedado dormido de pie?. Camino apenas cinco pasos y llego, enciendo la luz con decisión, todo parece normal. Doy un pequeño paseo y busco cualquier cosa que haya producido el ruido, nada.

Más desvelado que nunca paso un largo rato mirando las fotos que decoran el salón como una exposición familiar interminable, todos me miran con sus mejores sonrisas, inmortalizadas en la impresión de un papel, recordándonos esos momentos felices, que deberían durar para siempre.

En la contemplación de algunas fotos me pierdo en aquellos momentos que vuelven a mí y me recuerdan la alegría de un cumpleaños, una comida familiar o un viaje que tanto deseábamos.

Me centro en una vieja foto que descansa entre las demás, donde una vieja casa recién encalada…otro fuerte golpe, quizás más que el primero, me aparta de mis recuerdos. Miro a mi alrededor, todo parece igual.

Decido hacer un reconocimiento por la casa. Voy a la otra habitación, a un baño, al otro, vuelvo a la cocina, nada, así que me encamino a mi dormitorio, casi de puntillas, para no despertar a mi mujer. Cojo el móvil y me ayudo con la lucecita de la linterna para hacer mi comprobación. Ella duerme tranquilamente, al parecer no ha oído los dos golpetazos, reviso lo mejor que puedo mi cuarto, y sigo sin encontrar nada. Quizá haya sido un vecino, pero me parecía tan fuerte y cercano.

Una tremenda explosión me asusta en la oscuridad de mi habitación, paso mi linterna por donde estoy y nada parece haber cambiado, mi mujer duerme igual que hace unos instantes.

Salgo de allí por no molestarla y regreso al resto del piso, ya totalmente iluminado, hago una nueva comprobación, al parecer para nada, todo está absolutamente como antes.

Siento los nervios de punta, ¿me estaré volviendo loco?, a lo mejor el ruido ha sido en la calle…pero es que lo he oído tan cerca.

Vuelvo a la cocina y, con la mano bastante temblorosa, cojo una jarrita de cristal, la lleno de agua y la pongo a calentar en el microondas, mientras en una taza pongo dos saquitos de tila. Miro el reloj de la cocina, son casi las 5 de la mañana.

El teléfono fijo del salón me da un nuevo sobresalto -¿quién será a estas horas?- pienso mientras voy a grandes zancadas a descolgarlo.

-¿Marco?

-Dime María- respondo al reconocer la voz de mi hermana al otro lado.

Un llanto desconsolado aumenta mi nerviosismo.

-Por favor, ¿qué pasa?

-Se ha ido, ya no está…- creo entender entre sollozos.

-¿Quién?, ¿qué pasa?

-Mamá se ha ido para siempre.

A mi alrededor se hace un profundo silencio, ya no puedo seguir escuchando a mi hermana, es imposible lo que está diciendo. El ruido del microondas quiere traerme al presente, aunque yo no quiero, mamá no.

Me giro donde estoy, oyendo el llanto desconsolado de María al teléfono, centrando mis ojos en la misma foto que había mirado minutos atrás: mi madre nos miraba feliz delante de la casita baja que siempre había deseado en su pueblo.

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